Fue conmemorada la batalla de Mbororé desde una perspectiva trinacional

Se llevó a cabo ayer la conmemoración de los 375 años de la Batalla de Mbororé en Panambí. Hecho que para el renombrado historiador, doctor Félix Luna, “ha sido la más trascendente acción bélica de nuestra historia, puesto que se impidió que la actual Mesopotamia fuera hoy territorio brasileño“.

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Pocos kilómetros al norte de la ex reducción jesuítica y hoy ciudad de San Javier, Misiones, corre entre montes y cerros, el arroyo Once Vueltas, antiguamente conocido como Mbororé. Fué ese el escenario de la épica batalla, que hace 375 años marcó la heroica defensa de la heredad nacional y a la que el jesuita e investigador Guillermo Furlong calificara como “la primera en los fastos navales argentinos”.

Todo había comenzado en los albores del año 1640, cuando los “bandeirantes” portugueses, enterados de la publicación de documentos reales y bulas papales condenando el esclavismo de los aborígenes, deciden organizar una gran “bandeira” o expedición punitiva, para destruir totalmente las reducciones guaraníes. El inhumano beneficio consiguiente permitiría la captura de miles de indígenas que terminarían sus vidas trabajando en los ingenios azucareros de San Pablo o en las “fazendas” (explotaciones agrícolas, cafeteras y ganaderas de gran extensión) de tantos crueles explotadores lusitanos. Prevenidos por el padre Francisco Diaz Taño de la decisión invasora de los portugueses, jesuitas y guaraníes abandonaron momentáneamente la construcción de bellas catedrales, la labranza de la tierra y el trabajo artesanal, y se prepararon para la defensa.

El ex militar español, hermano jesuita Domingo Torres, es designado director técnico de Guerra; ayudantes del director: los jesuitas Juan Cárdenas, paraguayo, y Antonio Bernal, portugués. Jefes de ataque: el capitán general, Gran Cacique o Mburuvichá, Nicolás Ñeenguirú, natural de la región del arroyo Acaraguá, y el meritorio consejero, Cacique o Mburuvichá, capitán general Ignacio Abiarú,nativo de Concepción de la Sierra.

Supervisor de Guerra: padre jesuita Pedro Romero, castellano. Asistentes del supervisor, padres, Claudio Ruyer, francés; Cristóbal Altamirano,santafesino; Pedro Mola y José Domenech, aragoneses y José Oregio, flamenco.

La estrategia planificada es simple pero contundente.El ejército misionero de más de 4.000 hombres y varios cientos de canoas se hará fuerte en la confluencia del arroyo Mbororé y el Río Uruguay, hacia donde,mediante un ardid, serán atraídos los portugueses. Un cañoncito de metal, varios cañoncitos de tacuaruzú (tacuara) retobados con cuero, algunas catapultas de madera, mosquetes,macanas, arcos y flechas integran el parque defensivo jesuítico-guaraní.

En el otro bando, seguros de una gran victoria, los “bandeirantes” que cuentan con el concurso de indios tupís leales, canoas, diversas armas,superando los 4.000 hombres, descienden por el Río Uruguay comandados por el bandeirante Jerónimo Pedroso de Barros.

El encuentro se produce a las dos de la tarde del 11 de marzo de 1641.Se lucha en tierra y en el agua por varios días.

El jefe bandeirante Jerónimo Pedroso de Barros se vió obligado a bajar a tierra, cruzar un arroyo grande y atacar por la retaguardia a un grupo de tiradores que acosaban a sus tropas; consigue disolverlos, pero el grupo de Fusileros reacciona, contraataca al jefe Pedroso de Barros, que se refugia en una empalizada hecha por sus pontoneros al inicio del combate”, relata Casiano Néstor Carvallo en su “Síntesis de Historia de la Provincia de Misiones”. Agrega el historiador que “la lucha en el río y en tierra se generalizó con furia y encarnizamiento hasta la entrada de la noche. Al día siguiente, 12 de marzo, traban combate implacable durante las horas de sol, en días seguidos hasta el séptimo, con la mayor agresividad por ambas partes. En horas de la madrugada, víspera del octavo día consecutivo de pelea, los paulistas bandeirantes cuyas canoas fueron copadas con anterioridad y rechazado un pedido de parlamento, huyen por la margen izquierda del Mbororé u Once Vueltas”.

Los bandeirantes en desbandada son perseguidos y atacados nuevamente en Asunción del Acaraguá por un contingente misionero comandado por el cacique Ignacio Abiarú y el padre Cristóbal Altamirano; huyen esta vez, hacia los saltos del Moconá, por donde cruzan el Uruguay.

En Mbororé, el 11 de marzo de 1641, se enfrentaron alrededor de 10.000 hombres. En aquel entonces Buenos Aires no llegaba a los tres mil habitantes, gran parte de los cuales eran mujeres y niños. ¿Si el triunfo hubiese correspondido a los portugueses, podría haber sido amenazada integralmente la jurisdicción colonial hispánica, incluída Buenos Aires?

Para el renombrado historiador, doctor Félix Luna, Mbororé “ha sido la más trascendente acción bélica de nuestra historia, puesto que se impidió que la actual Mesopotamia fuera hoy territorio brasileño. Si no hubiese sido por esa batalla curiosamente anfibia, con varias etapas en el río y otras en la selva, el avance portugués se hubiera extendido inexorablemente sobre Misiones, Corrientes, y hasta Entre Ríos y el mismo Paraguay no se hubiesen salvado de la anexión”, según lo advierte en su libro “Conflictos y armonías en la Historia Argentina”.

En suma, Mbororé fué la batalla que salvó a la Nación Argentina.

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